La mejor historia de amor jamás contada
Yo soñaba con tener un novio. Cada uno tiene sus prototipos sobre el hombre o la mujer de sus vidas. Yo lo quería sensible, tierno, con valores, un caballero, que no solo sea mi novio, que sea mi amigo, mi apoyo en todo momento. También quería a alguien con cerebro, con criterio. OJO: abstenerse tarados que solo piensan en el tono del sábado o la pichanga del domingo. Quería un novio que me valorara, que me quisiera por lo que soy, que le gustara, me amara y me deseara... que me haga reir. Cuando bajaba de mi nube, las remotas posibilidades de que toooodos mis requisitos las encuentre en un solo hombre me desanimaban. Creo que soy demasiado exigente, me decía a mí misma. Pero no sé si tengo pacto con el diablo, o -mejor cabe- con el Todopoderoso, que me hizo el milagrito. Lo tenía ahí, cinco veces a la semana cerca, pero a la vez lejos de mi, y así se mantuvo por muchos meses. Casi un año me llevó darme cuenta que, quien poco a poco se convirtió en mi interlocutor nocturno de messenger, era una personita muy especial. Podía hablar con él que me pelee con algun cobrador de micro faltoso como de la actual coyuntura política nacional. Así se pasaban horas de horas de conversas interminables. Sin querer queriendo, se establecieron horarios tácitos para encontrarnos en el chat y la impaciencia cuando estos no se cumplían era inevitable. La confianza surgió de la forma más natural y sin darnos cuenta... en poco tiempo, nos contamos nuestras vidas. Lo primero que supimos es que habíamos coincidido en varios sitios, pero en tiempos desfasados. Finalmente, nos encontramos y fue lo mejor que me pudo pasar.De las conversas sin fin, pasamos al reporte vía telefónica de todas nuestros movimientos... ahi ya habia algo. Yo no le doy cuentas de mi vida a cualquier persona. Él se mostraba interesado por todo lo que me pasaba y viceversa. Sí, me gustaba, me hacía la loca, pero me gustaba. ¿Pero yo? ¿le gustaba? Parecía que sí, pero con cada fiasco que me había dado en mi vida, no podía asegurar nada. Había que averiguarlo, buscar los métodos más eficaces para tener una aproximación de lo que pasaba en el corazón de ese chico por mí. Ah! porque él era todo lo lindo conmigo, pero no daba ningún indicio de que ahí había algo más, ninguna señal, ninguna indirecta directa... nada! Caballero nomás, a mi me tocaba ser la mandada de la historia. Tenía que mandar señales de humo y evaluar reacciones. Lo que me falta comentar aquí es que todo esto se desarrollaba en medio de unas porras multitudinarias de que entre nosotros se consumara la más dulce y empalagosa historia de amor. Los demás se habían dado cuenta de algo que nosotros nos tardábamos en aceptar. Nos hacíamos los locos. "La gente está loca", "ven cosas donde no las hay", "será mejor no hacerles caso", "ya se cansarán". Pero tuvo que ser una noche de invierno que mi presión baja me traicionara y me llevara a estar en la situación que estábamos esperando. El frío fue la mejor excusa para estar frente a frente, tan cerquita como nunca, pero ni mis grandes deseos de que esa noche me fuera a dormir con el beso más tierno y dulce del mundo que, seguramente, sería de haberse concretado, logró que se hiciera realidad. Él dice que le voltee la cara, yo no digo que no, pero esa es una discusión que permanecerá en el tiempo. No importa, lo cierto es que hoy lo beso las veces que quiero y lo disfruto como si fuera el primer o el último beso que le doy. Pero creo que ya me saltee la historia. Nos quedamos en que tenía que mandar las señales de humo. Bueno, tampoco había que demostrar desesperación, había que crear el ambiente necesario para que el muchacho en cuestión se sienta en confianza y seguro de abrir su corazón. En esas estábamos, cuando una revelación complicó lo que yo ya casi daba por hecho: que se me declarara. El muchacho me confesó que era tímido. Por dónde, no lo sé, yo nunca lo sentí así. Como dije antes, siempre hubo una confianza natural entre nosotros. ¿Qué hacemos? Ni modo, había que intensificar las señales de humo y darle a entender que él también tenía que enviarlas. Una noche que desviamos la conversación a temas como nuestros prospectos de novio y novia, respectivamente, el muchacho demostró haber aprendido -o siempre supo- cómo acorralar a una chica cuando sabes que le gustas. Terminó sacándome que me gustaba, evaluó posibilidades sobre cómo sería nuestra aún no iniciada relación y decidió en ese momento, vía online y de madrugada, dar el gran paso. Yo, que nunca he sido partidaria de los romances virtuales, no iba a permitir iniciar mi historia de amor a través de una fría pantalla de computadora. Entonces, a él se le ocurrió el teléfono, pero no, le dije que no, tenía que face to face o nada! Y así fue, hace 13 meses tomé una de las más importantes y sabias decisiones de mi vida. Acepté al hombre más maravilloso del mundo como mi novio, mi enamorado, mi amigo, mi compañero, mi confidente, mi amante y hasta como mi padre porque me cuida como el más abnegado. Todos mis prejuicios sobre los convenientes de tener un amor en el trabajo se fueron al tacho. Él era y es mi complemento, mi alma de repuesto. Conmigo no se cumplió eso de los asegurados tres primeros meses de magia y felicidad para que después el estar juntos se convierta en una rutina más en tu vida. No, yo sigo viviendo la magia, la felicidad, el romanticismo, los detalles y todo la cursilería que ustedes quieran llamar. Encontré a mi hombre con muchos requisitos:sensible, tierno, con valores, caballero, que no es solo mi novio, es mi amigo, mi apoyo en todo momento. También es alguien con cerebro, con criterio...que me valora, me quiere por lo que soy, que le le gusto, me ama y me desea... y me hace reír. Por eso y mucho más, no quiero que se vaya nunca, quiero que me dé besos en la frente y en las mejillas por mucho tiempo y, por supuesto, que me robe esos besos apasionados y tiernos a la vez. Esta es la mejor historia de amor jamás contada y es la mía... la nuestra, Jóse... TE AMO.


